Así de siempre
C.Lozano

Capítulo 4. ¿Surferas?


[NARRA MIKE]

2.00 PM Santa Clara, California.

Abrí un ojo, luego el otro y me quedé mirando el techo. Intenté incorporarme pero volví a caerme encima de la cama. -Dios, que dolor de cabeza- pensé. El alcohol me había dejado hecho mierda, como casi siempre, encima no recordaba nada de la noche anterior, ni siquiera sé como he llegado a casa. Tengo que controlarme cuando salgo de fiesta, sino acabo borracho y con alguna guarra en mi cama, que luego no vuelvo a ver o si lo hago, no me acuerdo. Dios que resacón llevo encima. Miré a mi lado, no había nadie en mi cama. –Mejor- pensé, no estaba de humor para estar con ninguna tía ahora. Me levanté y saqué del armario unos calzoncillos y unos pantalones grises de chándal y me los puse. Me acerqué a la ventana y cogí del cajón de la mesita de noche mi paquete de tabaco. Saqué un cigarro y lo encendí. Primera calada. Me apoyé en la ventana y solté todo el aire, como me gustaba hacer eso, me relajaba tanto…

- Hola guapetón, ¿ya se ha despertado mi fiera?- me giré y del baño vi salir a una chica pelirroja, alta y bastante mona. Tenía muy buena delantera y estaba en ropa interior, pero… ¿quién era?

- Mm hola, hola… - me quedé pensando mientras ella empezaba a acercarse y darme besos por el cuello - ¿María? – paró en seco.

- ¿María? – Me preguntó enfadada- ¿Cómo qué María?-

- ¿Ana?- Estaba dudoso, no recordaba su nombre.

- ¿No sabes quién soy ni como me llamo?-

- Pues la verdad es que no – reí- pero por favor vete ya, no tengo ganas de aguantar los chillidos de ninguna guarra despechada ni irritada- me dirigí hacia la puerta de mi habitación y la abrí para que se fuera.

- Esto es para flipar. ¡Eres un cabrón!- cogió sus cosas indignada y salió por la puerta mirándome con cara de asesina. Estaba acostumbrado a ello, no me afectaba.

-Supongo que sabrás donde está la salida, quizás te llame nena – reí mientras ella se iba dando voces.

Apagué el cigarro y lo tiré por la ventana. Me acerqué a la cama y me dejé caer boca abajo, estaba reventado y no podía más.

- ¡Hermanito! – la voz de mi hermana se metió por mis oídos mientras entraba por la puerta.

- Nora no chilles joder, me duele la cabeza- le tiré un cojín pero ella lo esquivó.

- Y a mí me duele la cabeza de aguantar los gritos de todas las tías que mandas a la mierda. Así que aprendes a controlar el alcohol y no te dolerá tanto la cabeza- me reprochó.

-Para sermones ya tengo a mamá, ¿qué quieres?- pregunté

-Voy con las chicas a la playa, por si quieres venirte-

-Vais a ir a surfear, y ya sabes lo que opino. No creo que salga de casa en todo el día- le dije volviendo a tumbarme boca abajo en la cama.

-Bueno, tenía que intentarlo. Descansa hermanito- y salió de la habitación, ya que escuché la puerta cerrarse. Cerré los ojos poco a poco hasta que volví a quedarme profundamente dormido.

[NARRA KAYLA]

4.00 PM Santa Clara, California.

Acabábamos de comer y subí corriendo a mi habitación. Sebastián ya había deshecho mi equipaje, ya que lo tenía todo bien puesto y ordenado en mi armario. Rápidamente busqué mi biquini y me lo puse. Un biquini completamente blanco que contrastaba con mi piel morena, en verano cogía bastante color. Saqué del armario un pantalón-bañador que me llegaba por encima de la rodilla, blanco también, que lo usaba para ir a surfear. Me puse una camiseta rosa clarita y me puse mis chanclas.

- ¿Vas a ir a la playa? – preguntó mamá mientras bajaba por las escaleras.

- Sí mamá, quiero probar estas aguas – cogí la toalla y me la eché al cuello- ¿Y mi tabla?-

- Pero cariño, hace bastante aire esta tarde, ¿y si vas mañana mejor?-

- Mamá estoy ansiosa, estaré bien ¿sí? – La intenté despreocupar- ¿Y mi tabla? – volví a preguntar.

- Está en el garaje- se giró- ¡Sebastián!-

- Dígame señora- Sebastián apareció por el salón.

- Por favor, acompañe a Kayla a la playa – se acercó a su oreja y le susurró algo que no pude oír, a lo que Sebastián asintió.

Fui al garaje y vi mi tabla –que preciosa es- pensé. La cogí y la entré en el maletero, luego me subí yo en el asiento de atrás del coche. Sebastián ya me estaba esperando dentro.

-Podemos irnos, a la playa por favor- Sebastián asintió y arrancó.

Me puse los auriculares en los oídos y encendí el iPod. “Aleatorio” y empezar a pasar canciones, ya sabéis mi manía. Sonaba “Cheque al portamor” de Melendi. Como me gustaba esta canción. Íbamos por las calles de Santa Clara, la verdad es que es una ciudad muy bonita, se ve mucho verde, una ciudad natural con bastantes parques y jardines.

Llegamos a la playa, bajé del coche y cogí mi tabla.

-La estaré esperando aquí, ¿de acuerdo?- preguntó Sebastián.

Muchas gracias, los siguientes días ya cogeré yo mi coche, hoy necesitaba aprenderme el camino hasta la zona baja- moví la mano a modo de despedida.

¡Oh! Toqué la arena caliente con mis pies, como me gustaba esta sensación. Apenas había gente en la playa a causa del aire, que hacía que el mar estuviera un poco movidito. Había una pareja de mediana edad haciendo una especie de picnic en la playa, un señor mayor que estaba paseando, dos chicos jóvenes con unas guitarras y tres chicas con tablas de surf, pero estaban sentadas en la arena hablando entre ellas. Me acerqué a la orilla, dejé mi toalla en la arena y me quité la camiseta. Cogí la tabla y fui corriendo hacia el agua. Estaba ansiosa por probar estas nuevas aguas, a cada paso que daba me sentía más libre y la adrenalina me iba aumentando. Noté el contacto del agua con mi piel y… ¡JODER, HOSTIA PUTA! Estaba congelada. Tiré la tabla y me metí entera debajo del agua para intentar equilibrar la temperatura de mi cuerpo. Dios, el agua estaba muy fría, demasiado para mi gusto. Salí de debajo del agua y me tumbé encima de la tabla, comenzando a remar en busca de una ola a la cual poder subirme. El aire también era bastante frío, y al impactar contra mi piel mojada hizo que se me pusiera la piel de gallina. Cogí la primera ola que pude, me sumergí con la tabla y salí en plena ola. Me subí encima de la tabla y casi me caigo. El mar estaba bastante violento y me costaba controlar mi tabla. Surfeé la ola como pude, sin hacer maniobras, solo disfruté de mi momento de libertad.

Salí corriendo del agua en busca de mi toalla. Me estaba congelando viva, lo digo muy en serio. Una de las chicas que estaba sentada estaba viniendo corriendo hacia mí. ¡Ay madre mía! ¡Que me mata! ¿Pero yo que he hecho?

-¡Tía! ¿Estás loca? Toma ponte esta sudadera que vas a coger una hipotermia- me acercó una sudadera. Cogí mi toalla, y después de secarme un poco le hice caso y me puse a sudadera.

-Em... Gracias- sonreí cortada.

-¿Cómo se te ocurre meterte ahí dentro con el aire que hace? –

-Bueno… Quería surfear y tampoco hacía tanto aire como para impedírmelo- volví a sonreírle mientras me escurría el pelo mojado.

- Oye ¿tú eres forastera, no? – me preguntó la chica.

-Bueno… Soy nueva en California, he llegado hoy de Sídney, soy australiana-

-¡Oh! ¡Encantada, yo soy Nora! – Chilló la chica que se llamaba Nora mientras me abrazaba de golpe.-

-Yo soy Kayla – reí ante su reacción mientras la abrazaba yo también.-

-¡Ven, ven! Te voy a presentar a las chicas – me cogió de la mano y me arrastró hacia donde se encontraban las otras dos chicas. Miré a Nora mientras corríamos hacia las otras chicas. Nora era muy guapa. Era una chica morena, delgada y más bajita que yo. Debe tener mi edad más o menos, o quizás es un año menor, no lo sabría decir. Pero sí que es cierto que es muy guapa, seguramente tenga a varios chicos detrás de ella, o quizás ya tenga novio.

-¡Chicas! Os presento a Kayla – chilló Nora mientras nos acercábamos a las chicas- Kayla esta es Amy- dijo señalando a una chica morena, bastante alta y delgada. También era guapa, tenía la piel fina, los ojos marrones y los labios gruesos. - Y esta es Lisa – dijo señalando esta vez a la chica rubia de ojos azules, ésta también era muy guapa, aún siendo rubia tenía la piel bastante morena a causa del sol. Era de mi altura más o menos y también estaba bastante delgada, un cuerpo bastante deportivo.

-Encantada- les sonreí cortada, a lo que respondieron con un “igualmente” sonriente, y cada una me dio dos besos a modo de saludo.

Nos sentamos en las toallas de las chicas y me empezaron a preguntar cosas, parecía un interrogatorio, pero es normal, soy la nueva.

-¿Y como que te has mudado a Santa Clara?- Preguntó Amy.

-Mis padres son abogados y se ve que les ha salido un trabajo muy importante aquí en California- contesté elevando los hombros, ellas soltaron un “uhhh abogados..”, a lo que yo me reí.

-¿Y dónde vives? ¿Por qué zona?- Preguntó esta vez la rubia.

-En la calle Mr.Petters ride-

-Zona alta, ¿no?- Nora me miraba con una ceja alzada.

-Exactamente- respondí con una leve sonrisa.

Estuvimos un rato hablando, ellas me preguntaron cosas, yo se las pregunté a ellas… Me dijeron que tenían 18 años, bueno Nora aún no los tenía pero los cumplía de aquí poco. Este año habían acabado el instituto e iban a ir a la Universidad Pública de San Francisco, ya que su instituto tenía un convenio con esa universidad, por los que los estudiantes de ese instituto eran prioritarios en esa universidad. Ellas vivían en la zona baja de Santa Clara, y aunque yo no suelo relacionarme con gente de esta clase, eran muy majas y sencillas.

Nos intercambiamos los teléfonos y las agregué al whatsapp a las tres. Les gustaba mucho el surf y me pidieron que fuera con ellas a surfear, que querían aprender de mí, ya que les conté que llevaba años practicándolo.

Nora creó un grupo de whatsapp que se llamaba ‘Surferas’, y nos metió a las cuatro dentro.

-Bueno chicas, yo tengo que irme ya que mi madre me estará esperando, hoy estaba preocupada por el viento y como pudiera estar el mar- dije levantándome de la toalla.

-Oye Kayla, ¿vienes esta noche al ‘Tiburón’?- preguntó Nora.

-¿El ‘tiburón’? ¿Qué es eso?- pregunté extrañada.

-Sí, es un bar abierto a la playa que ponen música y tal, se está bien para tomar unas birras, por las noches solemos estar ahí. Además dentro del bar hay futbolines, billares y hasta un karaoke-

-Mmm… -pensé- luego os digo algo, ¿vale?-

-Vale guapa- me despedí de las chicas, cogí mis cosas y me dirigí al coche donde me esperaba Sebastián.


Att: C.Lozano

Pd. Foto: Nora



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