Así de siempre
C.Lozano

Capítulo 2. Kayla.


[NARRA KAYLA, HACE DOS AÑOS]
         

-¡Vamos Izan, intenta subirte a la tabla!- Le chillaba Trevor a mi hermano. Y así lo hizo, por primera vez mi hermano consiguió subirse encima de la tabla de surf. No aguantó más de cuatro segundos antes de caerse, pero estaba orgullosa, lo más difícil ya lo había conseguido.

Izan era mi hermano pequeño, y como yo siempre digo, el hombre de mi vida. Le había prometido que cuando cumpliera los siete años tanto yo como Trevor le enseñaríamos a hacer surf. Hace dos semanas los cumplió y ya había conseguido subirse encima de la tabla.

El surf, mi vida, mi pasión. Desde que cumplí los siete años llevo practicando este deporte, por tanto llevo nueve años surfeando las aguas de Sídney, y me encanta. Es mi medio de refugio. Cuando me siento sola, deprimida o necesito desahogarme acudo al mar con mi tabla. El sonido de las olas del mar me relaja, y estar encima de la tabla me hace sentir libre, además siento la adrenalina en mi cuerpo, y eso me encanta.

-¿¡Lo has visto Kay!?¿¡Lo has visto!?- me preguntó mi hermano emocionado mientras salía del agua con su tabla acercándose a la toalla, donde estaba yo.

-Claro que lo he visto enano, lo has hecho muy bien, ahora tienes que practicar mucho, ¿vale?- le dije mientras le revolvía el pelo y él asentía

-Si es que con este profesor que tiene… es normal que sea un crack- dijo Trevor apareciendo detrás de mi hermano.

Trevor era mi primo, era un año mayor que yo, pero como era también mi vecino pues era como mi hermano. Siempre hemos estado muy unidos, desde muy pequeños. Él fue quien me enseñó a surfear cuando era pequeña. Trevor era bastante popular aquí en Sídney, es normal, destaca mucho físicamente, chico rubio, guapo y con un cuerpo de escándalo, muy bien trabajado. A parte es el tío más majo que conozco, es muy atento con todo el mundo, simpático, gracioso, cariñoso… Así era Trevor.

-Sí, será por eso… reí.

-¡Oye! Pues claro que si, ¿o a caso lo dudas?- me miró divertido.

-Permíteme dudarlo primito- le miré vacilante.

Acto seguido el se tumbó encima de mí y estaba empapado ya que acababa de salir del agua. -¡Sal cabezón que estás mojado!- le chillé intentando sacármelo en encima.

-¿Cómo que cabezón? Ahora verás lista- puso sus manos en mis costillas y empezó a hacerme cosquillas. Empecé a reír como una loca, no podía con las cosquillas.

-No, no. ¡Para! Por favor- le suplicaba entre risas.

-Dime, ¿quién es el mejor primita?- reía mientras me seguía torturando.

-¡Tú, tú! ¡Pero para por favor!- chillé desesperada

-Así me gusta, que admitas las cosas- dijo mientras se levantaba de encima de mí y reía.

Y es que así era Trevor, la alegría en persona. Siempre y cuando no le tocaras los cojones. Tener a Trevor de buenas está muy bien. Pero tenerlo de malas… mejor correr. Eso sí, casi nunca estaba de malas, porque se llevaba muy bien con casi todo el mundo.

 

[CUMPLEAÑOS PADRE DE KAYLA, HACE DOS MESES]

Mi padre cumplía hoy 45 años y, como cada año, se celebraba en mi casa la fiesta del año. Venía gente muy importante desde toda Australia. Mi casa era enorme, era una finca de dos plantas con dos piscinas, garaje y una terraza enorme. Sí, soy de una familia de dinero, mis padres son unos de los abogados más importantes y famosos de toda Australia. Vivo en una zona residencial llena de fincas enormes, Aquí todas mis amigas y amigos, son de buena familia. Aunque yo solo considero amiga de verdad a Lara, una chica que ha estado conmigo desde que soy muy pequeña y a la que le cuento todas mis cosas, al igual que ella a mí, nunca me falla y siempre está cuando la necesito. Las demás son mis amigas por conveniencia, según mi punto de vista ya que nos llevamos bien porque nuestros padres tienen negocios entre ellos y esas cosas, pero aún así las aprecio y las quiero, llevó toda la vida viviendo así.

La música sonaba a bastante volumen, los camareros con los canapés y las copas de vino iban de aquí para allá sirviendo a todos los invitados. Yo estaba en el salón con mis amigas, que habían venido con sus padres a la fiesta. Salí un poco a la terraza a que me diera un poco el aire, el cubata me había dado calor. Como hace cinco meses cumplí los dieciocho, mis padres me dejaban beber, y ya no tenía que hacerlo a escondidas como lo hacía antes. Me apoyé en la barandilla de la terraza y respiré hondo, cuando de pronto unos brazos me rodearon por detrás.

-Bonita noche eh princesa- me susurró al oído.

-Hombre, tu por aquí Mario- le respondí mientras me giraba y le miraba a los ojos.

-Tenía ganas de verte y que mejor que en la gran fiesta de los Miller- me miraba divertido.

-Hace ya unos días que no nos veíamos eh, seguro que ya te has echado novia por ahí- me volví girar quedando de espaldas a él.

-Ya sabes que yo solo pienso en ti princesa, por mucho que pueda ver a otras, siempre eres la primera- me susurró mientras empezaba a besarme el cuello.

Mario había sido mi ex hace 3 años, estuvimos saliendo un año y medio y ahí lo dejamos porque no nos entendíamos y él tonteaba con todas. Pero ahora él y yo seguimos siendo amigos, pero amigos con derecho. Casi siempre que nos vemos acabamos en la cama, pero no somos pareja ni nada, simplemente nos divertimos juntos, porque dejarme que os diga, el chico es muy bueno en la cama, y él en si está muy bien. No estábamos atados, él hacía lo que quería por ahí, y yo si quería liarme con quien quisiera, también podía hacerlo, no nos reprochábamos nada nunca. Solo que si necesitábamos cariño, uno se lo daba al otro y ya está.

-Para anda, que mi padre nos está llamando- le dije mientras vi a mi padre en la puerta de la terraza.

-Chicos, venir, vamos a hacer un brindis- chilló- Mario y yo entramos dentro de casa y nos reunimos con todos en el salón. Me acerqué donde estaba Lara y las demás. Mi padre se puso en medio de la sala, cogió una copa y con una cucharita le dio varios toques para llamar la atención de todos los que estaban ahí presentes. Y bueno ahí empezó su discurso de cada año con el típico “Primero de todo, agradeceros a todos por vuestra presencia hoy aquí en mi cumpleaños”, cada año decía la misma frase al principio de cada discurso de su fiesta de cumpleaños.

- Y bueno, este año tengo que daros una noticia nueva. A mi mujer y a mí nos han ofrecido un empleo en el bufete más importante de Estados Unidos, y… ¡nos mudamos!- sentenció.

-¿¡QUÉ!?- chillé, captando la atención de todos los ahí presentes.

-Lo que oyes cariño, nos mudamos a Santa Clara, California. ¿No es maravilloso? – preguntó mi padre mirándome ilusionado.

-¿Y cuándo pensabais decírmelo a mí? ¿Cuándo se supone que nos vamos?- estaba irritada, mucho. ¿Cómo que me mudaba? ¿California? ¿Y toda mi vida en Sídney? ¡Amaba Australia! Esto no me podía estar pasando a mí, no, yo no me iba a ir a ningún lado. Toda mi vida y todos mis amigos estaban aquí, y yo me iba a quedar con ellos.

-Era una sorpresa cariño, en dos meses nos vamos a Santa Clara- me dijo mi padre con una falsa sonrisa y una mirada de advertencia, para que me callara y no le dejara en ridículo.

No pude soportarlo más y subí corriendo a mi habitación cerrando la puerta con un portazo. No me iba a ir, tenía 18 años y podía quedarme tranquilamente a vivir aquí si yo quería, y era lo que quería. Me tiré en la cama boca abajo pegando mi cara a la almohada mientras las lágrimas comenzaban a descender por mis mejillas. De repente la puerta se abrió, y vi a mi madre que se acercaba a mí y se sentaba en mi cama.

-Kayla, no hagas un numerito con esto, tu padre está muy enfadado, no es para tanto- pero la interrumpí.

-¿¡Que no es para tanto!?- chillé sin quererlo- Perdona que te diga mamá, pero si es para tanto, aquí están mis amigos y mi vida. Dime, ¿Qué voy a hacer con la universidad de Sídney tan importante a la que he querido ir desde pequeña, eh? Además mamá, tengo 18 años, puedo quedarme aquí si quiero. Y es más, es lo que voy a hacer- le respondí mirándole a los ojos. Ella se levantó automáticamente de la cama.

-Primero de todo, a mi no me vas a volver a hablar así en la vida. ¿Entendido?- chilló, yo simplemente asentí con furia.- Y segundo, vas a hacer lo que nosotros digamos, que para eso somos tus padres y somos los que te mantenemos y te damos todos los caprichos que tú quieres. En esta casa no te puedes quedar, la vamos a alquilar durante un tiempo, pero tranquila que no la vendemos, en verano podremos venir aquí igualmente. Pero ahora nuestra vida está en California, te guste o no. Por la universidad no te preocupes, tu padre y yo lo tenemos todo pensado, vas a ir a la universidad de San Francisco, la mejor de toda California.- dicho esto se dirigió hacia la puerta para irse, pero se detuvo antes de salir. –Y Kayla, sé un poco más madura y compórtate, sabes los modales que representamos en esta familia- sentenció y cerró la puerta.

Quería a mi madre, claro que si, era mi madre. Pero cuando se ponía en plan sabelotodo y chica correctísima, me daba mucho asco, y siento decirlo así, pero es la verdad.

Volví a tumbarme en la cama boca abajo mientras la lágrimas seguían saliendo sin cesar, cuando de pronto la puerta se volvió a abrir.

-¿Otra vez mamá? Déjame ya en paz- dije sin mirar.

-Joder, nunca me habían llamado mujer, princesa.- Me dijo Mario acercándose a mí. –Escúchame, se que te vas a ir pronto y que esa idea no te gusta para nada. Pero deja de pensar en que te vas a ir, y piensa en disfrutar de todo esto mientras puedas, de tus amigos, de tu primo, tus familiares… de mí nena.- se acercó a mi cuello dejando un leve beso en él. Ahora mismo necesitaba cariño, si. Mucho cariño. Así que comencé a besarlo salvajemente desabrochando los botones de su camisa y sacándosela en un momento, él hizo lo mismo con mi blusa. Y bueno, acabo pasando lo que pasaba siempre cuando le veía. Pero esa noche lo disfruté bastante más, ya que sabía que dentro de poco dejaría de verle, y eso hacía que disfrutara más de su presencia.

Pd. En la foto podemos ver a Kayla.

Att: C.Lozano






Este sitio web fue creado de forma gratuita con PaginaWebGratis.es. ¿Quieres también tu sitio web propio?
Registrarse gratis