Así de siempre
C.Lozano

Capítulo 3. Nueva vida.


[NARRA KAYLA]


-Señorita Kayla, ¿lo tiene todo listo? Le está esperando su familia en el coche, me han pedido que le comunique que se dé prisa.

- Si, si... Ya voy - le dije con desgana a Sebastián, nuestro mayordomo desde que tengo uso de razón- ¿Están Trevor y Lara?- pregunté.

-Exacto señorita. Su primo y su amiga la están esperando en el salón. Por favor no tarde en bajar- dijo mientras se retiraba de mi habitación.

Dí un último repaso a mi habitación ya casi vacía. Llevábamos dos semanas haciendo mudanzas. Venía un camión, cogía nuestras pertenencias y las llevaba rumbo a un avión de mercancias con destino a Santa Clara. Así cuando llegaramos ya estaría casi toda la casa amueblada y decorada. No quería irme de aquí, pero después de insistirle mil y una veces a mi madre para poder quedarme, ví que era imposible hacerla cambiar de opinión, así que a pesar de mis 18 años, me tuve que resignar, ya que mis padres me iban a pagar la mejor universidad de California, en San Francisco.

Mientras bajaba por las escaleras iba mirando todo a mi alrededor, recordando cada momento en cada rincón de mi casa. Las fiestas, los ratos con Lara, con mis amigas, con Trevor, con Mario... He vivido muchas cosas aquí, toda mi vida básicamente. Vale, sí. Me estaba poniendo muy melancólica, pero es que no quería irme de aquí. Este verano lo iba a pasar ya en California, para que mis padres pudieran hacer todo el papeleo del trabajo que se traen entre manos, pero en navidad iba a volver, esta seguía siendo mi casa, solo la íbamos a alquilar el tiempo que no estuviéramos aquí.

-¡Kayla!- Lara se abalanzó sobre mi cuando llegué al salón y me abrazó muy fuerte. - Te voy a echar muchísimo de menos, te voy a llamar cada día, me vas a seguir teniendo siempre aquí para lo que necesites, por favor no me olvides, yo prometo no hacerlo-.

-¡Lara, Lara, Lara! ¡Frena tía! - la interrumpí- que no me voy a la guerra por dios, en navidades me tienes aquí tonta- reí.

-Ya tía, pero nunca he estado tanto tiempo sin mi mejor amiga. Nos llamamos cada día ¿vale?- se le empezaban a caer las lágrimas por las mejillas.

-Tía no me llores por favor, que sabes que si lloras tu voy a empezar a llorar yo- la abracé fuerte.

-Jope tía, lo siento. Soy una llorica..-

-Nos vamos a llamar cada día, estate tranquila. Te voy a echar mucho de menos, recuerda siempre que te quiero muchísimo- le dije mientras le daba un beso.

-Yo más- nos fundimos en un último abrazo, cuando se me empezaron a caer a mi las lágrimas. Joder, yo no quería llorar. Se me iba a correr el rímel y no quería. Si, lo sé. Soy así de pija.

Me acerqué a mi primo, y antes de decirle nada, le abracé y él me rodeó con sus dos brazos muy fuerte mientras me levantaba del suelo. -Enana, a mi no me llores, porque yo si que no puedo llorar, que voy a perder mi faceta de tipo duro- sonrió

-Eres tonto primito-

-Te voy a echar de menos Kay, si necesitas cualquier cosa o tienes algún problema con algún gilipollas californiano... solo llámame que me planto ahí en nada y menos, ¿si?- Me dió un beso- Te quiero primita-

-Eres el mejor Trevor, te iré llamando. Cuídame a Lara por favor, ya sabes como son los tios que se intentan aprovechar de ella. Te quiero primito- le dí un beso y me bajé de sus brazos.

Les miré a los dos una última vez y nos fundimos en un abrazo conjunto. -Os quiero chicos, sois los mejores- Les susurre antes de abrir la puerta que llevaba al garaje. 

Me subí al coche limitándome a decir "todo listo, podemos irnos". Se notaba que aún estaba enfadada con ellos, pero es normal, sigue sin hacerme gracia dejar toda mi vida atrás, teniendo 18 años ya, y por el trabajo de mis padres.

-Cariño, no te enfades, ya lo hemos hablado muchas veces en casa. Además, tenemos una sorpresa para ti en Santa Clara, ya verás que te va a gustar- me dijo mi madre intentando bajar mi notorio cabreo. Cogí mi iPod y me puse los auriculares, no quería escuchar a mis padres más, quería sumergirme en mi mundo. Le dí a "aleatorio", para que las canciones empezaran a sonar. Nunca he entendido porque hago eso, porque después siempre voy pasando las canciones hasta que encuentro una que me guste, pero es una manía. Pasé las canciones hasta que sonó "Mira dentro" de Maldita Nerea, amaba esta canción, me recordaba mucho a mi primo y a mi mientras surfeábamos, me transmitía libertad.

Miraba por la ventana camino al aeropuerto, recordando varios momentos de mi vida en Sidney mientras iban sonando las canciones, cuando de pronto una mano cogió la mía y la apreto fuerte. Me giré i vi a mi hermano sonriéndome mientras jugaba a la consola. Le devolví la sonrisa en señal de que todo iba bien, este enano era el mejor del mundo, al único que salvaba del coche ahora mismo, por el que daría la vida, lo amaba con todo mi corazón.

Cuando llegamos al aeropuerto el trámite de papeles, pasaportes y permisos fue bastante rápido, ya que como mis padres eran tan importantes aquí en Sidney, se les trataba siempre con prioridad, es cierto que el dinero también favorecía eso. 

Viajábamos en un avión de la mejor compañía de América, en clase vip, en la que apenas había gente, alguna que otra pareja de personas mayores que se notaba que tenían dinero. Los asientos eran amplios y muy cómodos. Habían un par de azafatas que nos ofrecían comida y algo de beber, como siempre. Estaba bastante acostumbrada a viajar en avión, he hecho bastantes viajes en mi vida pero nunca a California, a Norte América solo he ido una vez, y fue para visitar Nueva York. Le pedí una coca-cola a una de las azafatas y me relajé en el asiento. Mis padres se sentaban juntos en unos sillines de la derecha, Sebastián y Mercedes, la cocinera de mi familia, se sentaron detrás de mis padres, y yo me sentaba con mi hermano en unos de los asientos de la izquierda del avión. Antes de despegar mi hermano me cogió la mano fuerte, sabía que él tenía miedo, a pesar de haber hecho muchos viajes, no tantos como yo por eso, él seguía teniendo miedo porque un día vió una película sobre un avión y un secuestro y el avión acababa cayendo y bueno enfín, un final trágico, y desde ese momento el pobre tiene un pequeño trauma, sobre todo en el despegue y en el aterrizaje. Le cogí la mano fuerte y le sonreí.

-Cierra los ojos enano- me sonrió y me hizo caso cerrando los ojos- y ahora piensa en el gol ese que metiste en la final del torneo de Sidney- mi hermano era un crack jugando a fútbol, bueno yo le veía así, para mi siempre ha sido el mejor de todos- piensa en eso y sonríe, no pienses que estás en el avión.

Izan me hizo caso, porque le vi sonreír y su mano dejó de hacer fuerza sobre la mía, se había relajado. El avión cogió carrerilla y despegó. Rumbo a América. Próxima parada: Santa Clara, California.

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2.00 P.M Miami, California.

Acabábamos de bajar del avión. Estábamos en el aeropuerto de Miami, cogiendo nuestras maletas en la cinta corredera de los aeropuertos. Una vez las cogimos salimos del aeropuerto, dónde fuera nos estaba esperando un taxi el cual nos llevaría a Santa Clara. Respiré profundo, nuevo aire, nueva brisa. Subímos al taxi y tardamos un rato en llegar a Santa Clara. En cuanto llegamos lo primero en lo que me fijé fue en la playa, el mar, las olas. Sin duda se veía desde lejos que no eran como las olas de Australia, pero me podría adaptar. El taxi pasó por el pueblo y tras pasar por un puente entramos en una urbanización llena de casas grandes, con jardín, garaje.. En fín, habíamos llegado a la zona alta de Santa Clara, a mi urbanización, el territorio dónde se manejaba el dinero. El taxi paró en frende de una gran casa blanca, una puerta se abrió y el taxi entró por un caminito hasta llegar justo delante de la casa. Estaba flipando. Esta casa debe haber costado una pasta de la ostia, es aún más grande que la casa que teníamos en Sidney, a veces flipo con el dinero que pueden llegar a tener mis padres, y lo ambiciosos que son al querer aún más y más.

Bajamos del coche y nos quedamos en frente de la puerta mientras mi padre buscaba las llaves -Chicos, ¿qué os parece vuestro nuevo hogar? - Preguntó mi madre con una sonrisa al ver mi cara y la de Izan.

-¡Guau mami! ¡Es genial!- chillaba Izan ilusionado. Yo simplemente estaba emobada observando toda la casa, no era capaz de articular palabra.

-Vamos, entremos- dijo mi padre abriendo la puerta- Sebastián, descargue el equipaje por favor.

Entré en nuestra nueva casa detrás de mi madre. La casa estaba totalmente decorada, nada más entrar un pequeño recibidor acogedor nos daba la bienvenida, el cual contaba con una puerta a la izquierda que daba al garaje. Seguidamente se encontraba el salón, dónde habían tres sofásde cuero negros que contrastaban con las paredes blancas. En la pared de enfrente del sofá central había una gran televisión de pantalla plana y una consola, la cual Izan ya estaba observando súper contento. Nada más entras al salón, a la izquierda hay unas escaleras que llevan a la planta superior. A la izquierda encontrábamos un baño con un amplio lavamanos, un espejo encima de éste y un inodoro. Al pasar el salón, se encuentra la cocina, con muebles y electrodomésticos hechos de materiales modernos y una pequeña isleta en medio, característica que denotaba elegancia. A la derecha de la cocina estaba el comedor, con una mesa larga en medio con ocho sillas a su alrededor. En el comedor había una puerta de cristal amplia que daba al jardín trasero, en el cual lo primero que destacaba era la gran piscina que había, junto a unas cuantas tumbonas para relajarse, y a la derecha de éstas había una tarima dónde se encontraba una gran barbacoa y un par de mesas alargadas. Aquí es donde mis padres harían las fiestas o eventos en verano, ya que también se encontraba el equipo de música. 

Entré nuevamente dentro de la casa y subí las escaleras para pasar a la planta de arriba. La escalera estaba hecha de madera natural barnizada y brillaba mucho. Al llegar arriba había una bifurcación: un pasillo hacia la izquierda y otro hacia la derecha. Me situé en el centro. A la izquierda habían cuatro puertas y a la derecha cuatro más. Ocho habitaciones en total. Me decidí a ir hacia la izquierda y abrí la primera puerta que había. Una cama de matrimonio, delante de ésta, pegada a la pared, un televisión de plasma de unas 42 pulgadas, a la derecha dos sillones y una pequeña chimenea. Por último una puerta que llevaba al baño. Sin duda esta era la habitación de mis padres. En frente de ésta habían dos puertas situadas bastante juntas. Eran dos habitaciones sencillas, con una cama, una pequeña televisión, una estantería y un armario. Las habitaciones de Sebastián y Mercedes, las cuales contaban con un pequeño baño personal cada una. Al final del pasillo estaba la última habitación de la zona izquierda. Abrí la puerta y se encontraba el despacho de mis padres, aunque básicamente era mi padre el que lo usaba. Todo muy elegante, escritorio con dos sillones y el sillón de papá, un ordenador, dos estanterías y decoración.

En la zona derecha estaba la habitación de invitados, la cual tenía una cama de matrimonio, un pequeño sofá con una televisión y un armario. Al lado de esta habitación había un baño de media medida. En frente de la habitación de invitados estaba la habitación de mi hermano, que contaba con una cama, un escritorio con ordenador, un armario, un sofá con televisión y un baño. Salí de esa habitación y ya solo quedaba una puerta más por abrir, al final del pasillo. Por descarte esa tenía que ser la mía. Abrí poco a poco la puerta, y me quede de piedra, congelada.

-¿Te gusta cariño?- mi madre apareció sonriente detrás de mi.

-Es...Es...Es preciosa mamá- tartamudeé en un susurro.

-Esta es tu sorpresa, es la habitación más grande de la casa, iba a ser la habitación mía y de papá, pero... Es tuya cariño- sentenció mamá. Si es que, ¿lo veis? A veces puede ser la mejor.

 

Entré dentro dejando a mi madre en la puerta. Era preciosa. Las paredes estaban pintadas de azul, y en ellas representadas las olas del mar. Esto me daba una sensación increíble de libertad. Tenía mi primera tabla de surf colgada en horizontal en una de las paredes, a la izquierda nada más entrar a la habitación. A la derecha habían dos sofás con una televisión de pantalla plana, en frente un escritorio con mi portátil y a la derecha mi cama. Tenía un baño propio, con una bañera,un lavamanos grande y un inodoro, era un baño amplio. Y justo en frente de mi cama había una puerta que daba a un balcón, en el cual había una mesa y cuatro sillas a su alrededor. Salí al balcón y mirando al horizonte respiré. Nueva brisa. Nuevo aire. Nuevo continente, Nuevo país. nueva ciudad. Nueva casa. Nueva vida.


Att: C.Lozano

 
 

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